Era sangre, porque el aceite nos se congela –dijo, dijeron.

Medio polo norte manchado de bordó. Los genetistas excitadísimos con sus aparatitos raspando el hielo como de vacaciones en una playa con sus baldecitos intelectuales juntando la sangre freezada de los tentáculos de los insectos y los jefes militares saboreando al futuro supersoldado con alas de polillas y cerebro de bebé sin sangre, mandíbulas inmaculadas, los handys a todo volumen, se cruzan las frecuencias, todo era joda, “señor, tiene que ver esto” interrumpe una con aires de pensante. El jefe sigue a la botánica forense tratando de no volcar champaña en la escena del crimen. Lo conduce hasta un tajo en el hielo, la aparta y mira dentro de la raja y descubre miles de larvas de polillas tentáculos despuntando nacimiento. Llegan los fotógrafos, el teniente jefe alto mando del lugar los aparta, se interpone entre los objetivos, silencia su handy, despeja el área. La fortaleza de la paz era un vientre alienígena. Debe actuar. Los genetistas clavan sus probetas en el hielo, las rebalsan de adn de futuro supersoldado, llegan los del fuego que se identifican por sus disfraces de colores cambiantes en estúpido loop iridiscente. Prototipo de gasolina en pasta, los fotógrafos se relamen con sus objetivos en foco, esto va a arder.
El teniente general alto mando de todo el aparataje sospecha de la facilidad con que se va a cargar con las larvas de las aberraciones cósmicas, en su cerebro de nuez algo no encaja y retarda la orden final, todo apesta a gato encerrado, “si podemos deshacernos de las crías de los dioses mutantes con tanta facilidad no necesitaremos a los supersoldados” dice, piensa. Diatriba de orden político militar que excede su capacidad de muerte. Se tara. Los del escuadrón de hombres velas mascan copos de hielo para saciar la ansiedad de ver a medio polo norte arder por sus manos (querían tener algo para contarle a sus hijos). La orquesta gana tiempo de razonamiento militar y encaran, sin ensayo, la “rapsodia perpetua”, los tanques se mantienen en constante desplazamiento (son zonas frágiles para su talla), los jueces deben ir a buscar a sus hijos a los colegios, los visitadores médicos y abogados buscan señal para sus celulares, los del episcopado utilizan sus estornudos como excusa para la retirada, los K9 aúllan, el cielo se cubre de lo que creíamos eran sólo nubes.





















